La palabra viene de la estadística.
En 1909, un estadístico británico, George Udny Yule, las llamó «medias móviles».
Décadas después, la bolsa las adoptó.
En 1992, tres economistas pusieron a prueba veintiséis reglas sencillas con casi un siglo de datos:
el Dow Jones de 1897 a 1986.
Y encontraron algo: después de las señales de compra, el mercado lo hacía mejor que después de las de venta.
Siete años después, otros tres probaron casi ocho mil reglas…
…y corrigieron la trampa de buscar hasta encontrar.
En esos noventa años, el resultado aguantaba.
Entonces hicieron la pregunta incómoda.
¿Y después de 1986? ¿En años que nadie había mirado?
De 1987 a 1996, la mejor regla ya no se distinguía del azar.
Una de las explicaciones de los propios autores: operar se volvió barato.
Una regla que funcionaba cuando pocos podían usarla…
…dejó de funcionar cuando la podía usar cualquiera.
Y en un año nervioso hace algo peor.
En el año 2000, el S&P 500 cruzó su media de 200 días veintiuna veces.
Veintiuna alarmas. La mayoría, falsas.
El primer testigo no ve el futuro. Ve el camino recorrido.
Te dice si la tendencia sigue en pie. No si va a seguir.